martes 30 de marzo de 2010


No guardo rencor a los traidores ni a los cobardes: tal es su naturaleza, tal su destino menor. Tal vez el coraje consiste también en comprender y perdonar a los cobardes y a los desleales, en mirarlos con la compasión que sólo poseen quienes son de verdad sabios, es decir quienes son de verdad leales y valientes incluso con quienes no lo merecen ...


Con los años aprendes que las virtudes más elevadas, y tal vez por eso mismo infrecuentes, son el coraje y la lealtad. Con los años comprendes que la inteligencia o la astucia es una virtud peligrosa de la que es preciso desconfiar. Por lo general, la gente inteligente y astuta no sabe ser leal y carece de coraje o cree ser prudente cuando, en realidad, es sólo cobarde, pusilánime, asustadiza…

No me interesa ya la gente inteligente, aun si posee una inteligencia superior, una mente brillante, si sé que esa persona me es desleal, que es PERFIDA porque no puede evitarlo, que no puedo confiar en ella porque me ha traicionado y, con toda probabilidad, volverá a hacerlo.
La gran virtud, la virtud por excelencia, la más noble y admirable de las virtudes humanas, es el CORAJE, si por coraje entendemos no la temeridad del idiota que ignora los riesgos que corre y decide correrlos sin advertirlos y cegado por su imbecilidad, sino el valor consciente y calculado del que, a sabiendas de los riesgos que enfrenta, no se deja intimidar por ellos y lo arriesga todo, aun la vida, por una causa noble, por una causa justa, por unos ideales.
No hay coraje, desde luego, en la fría ambición, en la ambición mezquina y egoísta. Sólo hay verdadero coraje cuando la empresa humana que se acomete está preñada de peligros no menores y es de una naturaleza noble y altruista. Sólo hay coraje cuando el que lo arriesga todo sabe que lo más probable es que lo pierda todo y, sin embargo, percibe la vida como una aventura que sólo tiene sentido si se la dota de una dimensión épica, de una textura poética.


Tengo para mí que la gloria personal sólo se alcanza cuando se posee coraje. La sabiduría, o cierta cuota de sabiduría o de comprensión de la naturaleza humana, es un triunfo reservado a los que, sintiendo miedo, se SOBREPONEN al miedo y libran la batalla con menos miedo que coraje, o con tanto coraje que el miedo se nos olvida por un momento porque nos recuerda que es el lastre y el baldón que hunde y condena a los pusilánimes, a los mediocres, a los serviles y lambiscones, a esos sujetos que despreciamos y que jamás quisiéramos ser.
Siendo el coraje la gran virtud humana, aquella virtud que resulta indispensable para alcanzar el éxito cualquiera que sea la empresa que uno se proponga acometer (pues sólo triunfan los que son valientes en las buenas y en las malas, y son numerosos, incontables los que, siendo inteligentes e incluso muy inteligentes, se quedan a la mitad del camino por falta de garra, de firmeza, de determinación y espíritu combativo), no debemos menoscabar el magnífico valor de la LEALTAD, que es, en cierto modo, una forma de coraje, una forma no menor de coraje.

Todos hemos perdido amigos, y muchos de esos AMIGOS eran INTELIGENTES, BRILLANTES, ASTUTOS, seguramente más inteligentes que muchos de nosotros, pero los hemos perdido porque tal o cual circunstancia adversa propició que esos amigos nos revelaran que no sabían ser leales, que no podían ser leales, que la lealtad era una noción que les resultaba ajena, extranjera. Desde luego, lamentamos haber perdido a esos amigos inteligentes y en ciertos casos brillantes, pero comprendemos que ESTABA ESCRITO EN EL DESTINO QUE ESAS AMISTADES FUESEN SOLO PASAJERAS PORQUE ESTABAN ENVENENADAS POR EL ESPIRITU PERFIDO, DESLEAL que habitaba en aquellos amigos que nos traicionaron no porque nos quisieran menos, sino porque tal era su naturaleza, porque no sabían o no podían sernos leales, porque LA LEALTAD ES UNA VIRTUD QUE RESUME UNA SUMA DE CUALIDADES:LA HUMILDAD, LA TOLERANCIA, LA GRANDEZA DE ESPIRITUY EL CORAJE para ser leales aun si el ejercicio de la lealtad nos pone en grave riesgo o nos resulta del todo inconveniente.

SOLO LOS SABIOS SON EN VERDAD HUMILDES Y SOLO LOS LEALES SON EN VERDAD HUMILDES Y EN AMBOS CASOS Y AUNQUE NO LO PAREZCA SON UNA FORMA ASOLAPADA DEL CORAJE, PUES HAY QUE TENER CORAJE PARA ENTENDER QUE UNO ES BIEN POCA COSA Y SIEMPRE SERA MAS LO QUE SE IGNORA QUE LO QUE SE SABE


* también, hay que tener coraje para ser leal a sabiendas de que la lealtad es una forma de subordinarnos al amigo, de perdonarle sus defectos, sus miserias e imperfecciones, y de elegir un camino arduo, peligroso, sabiendo que es empinado y que, al recorrerlo, tal vez perderemos más de lo que ganaremos, pero que nos quedará...